La Internacional Situacionista decía que donde acaba la realidad, comienza la fiesta.
Donde el espectáculo no puede cegarnos, donde nuestras relaciones son verdaderamente humanas, sanas y sinceras, donde el fuego consume las ruinas de un mundo en guerra permanente, donde la pasión rompe la rutina, donde las ganas de vivir vencen al miedo o al aburrimiento, donde los sueños se hacen realidad, donde la realidad no actúa como mediadora entre el/la sujeto y sus experiencias, donde construimos nuestras vidas en colectivo. Allí empieza la fiesta.

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